Revista mensual de publicación en Internet
Número 47º - Diciembre 2.003


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LA NOCHE DE LA DIVA

Por Bardolfo. 

Sevilla. Teatro de la Maestranza.

22 de Noviembre. Mariella Devia, soprano. Rosetta Cucchi, piano. Rossini: La promessa, L'Invito, La floraia fiorentina, Bel raggio lusinghier (de "Semiramide"). Donizetti: La zingara, Il barcaiolo, Eterno amore e fè, Al dolce guidami (de "Anna Bolena"). Bellini: Malinconia, Per pietà bel idol mio, Oh quante volte (de "I Capuleti e I Montecchi"). Verdi: Perduto ho la pace, L'Abandonée, É strano (de "La Traviata"). Puccini: Quando me n'vo (de "La Bohéme"). Gounod: Je veux vivre (de "Romeo et Juliette"). Aforo: casi lleno.

        Los mitómanos y maniáticos de las divas tuvieron su noche en el Teatro de la Maestranza: un nutrido grupo de aficionados iba predispuesto a convertir en triunfo la nueva comparecencia de la soprano Mariella Devia en Sevilla tras su recordada intervención hace ahora tres años como la desdichada Elvira de "I puritani" de Bellini. Claro que para ello tuvieron a su favor las excelencias de la artista: seguridad en la emisión, un centro mórbido, unos agudos brillantes, buena coloratura, dicción impecable, un fiato aún lo suficientemente poderoso para las largas frases del más puro bel canto. Claro que también hubo sus deméritos: monotonía expresiva, escasa diferenciación estilística de un autor a otro (muy evidente en un Verdi fláccido y falto de pasión, y en un Rossini carente de chispa), zona grave inexistente, una nota quebrada en el recitativo de "La Traviata" y alguna laboriosidad en la "Semiramide". Pese a todo, mucho grito de ¡Brava! (hay que ver lo fea que resulta la palabrita chillada a pleno pulmón), flores a mansalva y algún que otro episodio de histeria colectiva.

        Lo que sí quedó claro es que la Devia es cantante de ópera: su labor como solista de cámara condujo a este crítico no pocas veces al aburrimiento, por la escasa implicación emocional de su canto y por su aire de maestrilla recitando una lección, espléndidamente sí, pero sin ningún aporte personal a la misma. Es por ello que el lado cancioneril del recital no generó grandes ovaciones del público (excepto en "La zingara" de Donizetti), que sí se volcó entusiásticamente con las cuatro páginas de ópera incluidas en el mismo. La soprano correspondió con dos de los más famosos valses de la historia del teatro lírico, una Musetta pucciniana escasa de picardía y una Juliette de Gounod falta de espontaneidad... aunque muy bien traducidas musicalmente.

        Párrafo aparte merece la acompañante al piano: Rosetta Cucchi, simpática madonna italiana que hubiera hecho las delicias de Rubens, debe pasar a la historia de la vida musical sevillana como la peor pianista que ha pisado el escenario del Maestranza, por su brutalidad al teclado, en el más puro estilo de los acompañantes del cine mudo, y su extraña manera de tocar la introducción al "Sempre libera" verdiano, con más notas falsas que correctas en la ejecución. Las flores arrojadas a la Devia debieron mutar en tomates podridos ante tal incompetencia.  

      

        Página del Teatro de la Maestranza: http://www.teatromaestranza.com