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Número 78º - Noviembre 2.006


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EL TARDÍO MAHLER DE BARENBOIM

Por Angel Riego Cue. Lee su Curriculum.

El interés de Barenboim por la música de Mahler ha tardado en manifestarse hasta una época bastante tardía. Si entre los autores del repertorio sinfónico tradicional, antes de los 60 años tenía Barenboim ya grabadas dos veces las sinfonías de Bruckner y Schumann, y una vez las de Beethoven, Schubert y Brahms, su discografía como director de Mahler (un compositor tan frecuente ya en el repertorio como la mayoría de los citados) era muy exigua: solamente una Canción de la Tierra y una Quinta Sinfonía de sus años de Chicago, un disco de lieder con Fischer-Dieskau y la Filarmónica de Berlín en Sony, y unos Kindertotenlieder de su etapa en París, con Waltraud Meier. El propio Barenboim explica en su libro de memorias que durante mucho tiempo había evitado a Mahler a causa de su asociación con supuestos mensajes "místicos" o por lo menos extramusicales, que se supone han de estar presentes en sus sinfonías, pero que fue el gran director (y gran mahleriano) Rafael Kubelik quien le convenció de que se podía "pasar" de esos mensajes y tratar a las sinfonías de Mahler simplemente como música pura.

Esta Séptima que ahora nos presenta Warner Classics, sucesora de Teldec, tal vez sea el comienzo de un nuevo ciclo o al menos de un semi-ciclo (pues Barenboim aún no dirige en vivo todo Mahler). Grabada en febrero de 2005, presenta una muy buena toma de sonido y una prestación orquestal de la Staatskapelle de Berlín al menos satisfactoria, aunque algunas rudezas en la percusión (tal vez en parte culpa de la batuta) y alguna afinación "problemática" de los metales (como en las frases iniciales de la obra) nos recuerden que no estamos ante una de las grandes.

La versión que nos presenta Barenboim es la propia de un director que viene de fuera del mundo mahleriano, con sus ventajas y sus inconvenientes. Las ventajas son que la versión puede ser original, fijarse en aspectos en los que no repara nadie, pero también le puede faltar ese "dominio del idioma" que hace que una música "suene a Mahler".

Así, en el primer movimiento encontramos una exhibición de poderío sonoro que hace sonar a la obra "terrible", "apocalítica", con una crispación que a veces puede parecer algo exagerada, lo que al menos hace sonar a esta música distinta de lo habitual, y convence plenamente. La primera Nachtmusik tiene lirismo, y suena amorosa (lo que sería más adecuado para la segunda, pero bien en todo caso) y sutil, dentro de lo que puede significar este término en un director habitualmente tan "explícito" como Barenboim.

Es a partir del tercer movimiento donde baja el interés de la versión, que hasta aquí era bastante alto, pues el Scherzo, demasiado "ligero", da la impresión de superficialidad, como de "echar una cana al aire", en una música que se supone debe de sonar "onírica", como las pesadillas que asaltan por la noche, y que aquí no pasa de ser un mero baile. La 2ª Nachtmusik va a un tempo demasiado rápido para que pueda tener su carácter "amoroso", quedando un poco mecánica (recuerda un poco a la de Boulez, que es una de las peores de la discografía de la obra), y algún cambio de tempo suena "raro". Por último, el Rondó-Finale es grandioso, pero de una grandiosidad "bruckneriana", por algo Barenboim ha dirigido a Bruckner mucho más que a Mahler, no encontraremos aquí el humor irónico que le dan otros directores más mahlerianos.

En resumen, estamos ante una interpretación no de referencia, pero sí que aporta puntos de interés, tiene originalidad y seguramente no estorbará en la discoteca de cualquier mahleriano.


En el apartado de las posibles alternativas, hay que señalar primero que la Séptima debe de ser la única sinfonía de Mahler que tardó tanto en ser entendida y traducida a sonidos de forma convincente, que las versiones más satisfactorias son casi todas de la era del sonido digital, entre las que elegiríamos como referencias la del ciclo de Eliahu Inbal, la de Abbado en Berlín (no la de Chicago), sin olvidar a la del ciclo de Edo de Waart con la Filarmónica de la Radio Holandesa; y, ya por debajo de las anteriores, las de Maazel y Chailly. En este último grupo podría tener su sitio la presente de Barenboim, a continuación de las citadas. Entre las versiones de los ciclos analógicos, mantiene su interés la primera grabación de Haitink, que sigue siendo una de las mejores y en su día fue la pionera de un nuevo modo de entender esta sinfonía, aunque el propio Haitink en posteriores ocasiones fuera a peor; y entre los "históricos", puede acudirse aún a Horenstein y a Scherchen, aunque siempre con algún reparo. A veces aún se lee por alguna revista que recomiendan la versión de Klemperer, lo que nos parece un despropósito, pues lo que hizo aquí el gran director fue un "experimento" no apto para todos los públicos, sólo para los muy iniciados, pero que no serviría para conocer la obra ni como única versión a tener.


REFERENCIAS

MAHLER: Sinfonía nº 7
Staatskapelle de Berlín
Director: Daniel Barenboim
Warner Classics 2564 62963-2