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Número 63º - Abril 2.005


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‘IN THE MOOD FOR LOVE’ Y ‘2046’

Por Óscar Bartolomé. Lcdo. en Periodismo y Comunicación Audiovisual.

Hace un lustro, un director ignoto para la mayoría de amantes del cine sorprendió a propios y extraños con una película de una belleza inusual: "In the mood for love". El año pasado nos volvió a deleitar con otra maravilla: "2046", afluente que abrevaba en el ubérrimo hontanar que había creado cinco años antes. Pocas veces nos es dado asistir a una mirífica combinación entre imagen y música como en el caso de las citadas películas del extraordinario cineasta chino Wong Kar-Wai. Uno piensa que Kant debió de sentir unos transportes similares a los que provoca la contemplación de estas dos preseas cinematográficas cuando enunció su principio del placer extático. No en vano, un alma sensible sale del cine desorientada ante semejante aprehensión de belleza, y aunque en el exterior brille el sol, más parece que aún tengamos la vista nublada por la oscuridad de la sala de exhibición; tal es la ofuscación que experimentamos durante los minutos posteriores a su visión.

Esta orgía de los sentidos obedece a la búsqueda del eterno femenino goethiano emprendida por Wong Kar-Wai desde que ligara amor y memoria en la imperecedera "In the mood for love". Su título era un presagio del peso que tendría la música en la narración. Como confesara el director tras su estreno, con el epígrafe quería brindar un homenaje a la canción homónima de Bryan Ferry que, curiosamente, no forma parte de su banda sonora (pero que sí se podía escuchar en el tráiler). Se trata de una sensual melodía de ritmos orientales que encaja a la perfección con la pasión contenida que se desprende de cada gesto de sus protagonistas.

Lo que más se recuerda de "Deseando amar", que es como se tradujo al castellano, es la arrolladora presencia de boleros. Esto, que podría resultarle chocante a un espectador profano, tiene su explicación: en el Hong Kong de los años 60, que es la época en que se desarrolla la acción, los boleros de Nat King Cole sonaban con fuerza. Wong Kar-Wai nació en Shangai, pero a la edad de cinco años su familia se trasladó a la antigua colonia británica, la ciudad china más aperturista. Su madre oía en la radio y tarareaba las melancólicas canciones de Cole (ni el uno ni la otra las entendían, pero aun así las sentían, que es lo que consigue la buena música), de suerte que Wong Kar-Wai ungió ese recuerdo con un barniz indeleble. Las esperas de Chow Mo-Wan (un magnífico Tony Leung) en el restaurante, con el cigarrillo entre los dedos y las volutas de humo nimbando su cabeza, discurren a ritmo de "Quizás, quizás, quizás". El bolero de Oswaldo Farrés dota de una emoción inefable a los encuentros furtivos de la pareja burlada y al mismo tiempo adúltera, citas que rezuman ansiedad y recato a partes iguales. Aunque Maggie Cheung no tenga los ojos glaucos, al oír "Aquellos ojos verdes" no te cuesta imaginar que Mo-Wan está requebrando a Su Li-Zhen por medio de sus miradas lánguidas y serenas. La terna de boleros la completa "Te quiero dijiste", otra emocionante canción que resplandece en la voz de Nat King Cole.

En "2046" vuelve a estar presente el solista de Alabama, sólo que en esta ocasión la pieza elegida por el director no es un bolero, sino "The Christmas Song", una canción tierna y cándida que contrasta deliberadamente con la máscara de cinismo impostada por Mo-Wan. No obstante, podemos escuchar dos boleros eximios: "Siboney", cantando por Connie Francis, y "Perfidia", en la versión instrumental de Xavier Cugat. El primero de ellos, obra de Xiomara Alfaro y popularizado por Ernesto Lecuona, imprime de una pátina de hermosura a la de por sí bella Zhang Ziyi. Todas las actrices cimbrean sus caderas como si oyeran la música, hasta tal extremo alcanza la maestría de Wong Kar-Wai para orquestar un conjunto armónico. Es un efecto similar al logrado por Kubrick en "2001: Una odisea del espacio" con las naves gravitando en derredor de la órbita terrestre y el "Danubio Azul" de Johann Strauss oyéndose de fondo, sólo que en este caso se sustituye la frialdad de la atmósfera cero por la calidez de la respiración humana.

Además de los tangos, hay un elemento común denominador entre ambos filmes: la música de Shigeru Umebayashi. El compositor japonés, que está tocado por el numen, ha demostrado que su decisión de abandonar su grupo de rock, Ex, en favor de las bandas sonoras, fue un acierto pleno. Antes de participar en "In the mood for love" había trabajo en películas poco conocidas aquí como "And Then", de Morita Yoshimitsu, y "All under the Moon", de Sai Yoichi. No fue hasta que aceptó la invitación de Wong Kar-Wai que su nombre empezó a ser reconocido, y ello a pesar de aportar una sola melodía, pero qué melodía. Me refiero a "Yumeji´s Theme", una especie de vals oriental que acompaña los contoneos de Maggie Cheung en las angostas escaleras donde siempre se topa con Tony Leung.

Su colaboración en "2046" ha sido más prolija. Él ha sido el encargado de componer el "Main Theme", que se deja sentir especialmente en los títulos de crédito, tanto iniciales como finales; unos créditos en forma de caracteres chinos que nada tienen que enviar a los del mejor Saul Bass. Este tema principal contiene dos variaciones: una con percusión y otra en versión rumba. Ambas son deliciosas. Menos vibrante y más elegante que el "Main Theme" es la "Polonaise", una de las joyas de esta banda sonora. De Umebayashi son también los dos "Interludios" y otras dos piezas de un corte más misterioso: "Lost" y "Long Journey". Zhang Yimou ha contado con él para su última película: “La casa de las dagas voladoras”.

Lo único que se echa en falta en la banda sonora de "2046" son las partituras de Michael Galasso, autor de la excelsa "Angkor Wat Theme", la melodía que sonaba en los planos finales de "Deseando amar", cuando Chow Mo-Wan iba al templo y confesaba el secreto de su amor al agujero, que acto seguido taponaba. Galasso compuso una las piezas más bonitas tocadas al violín que yo haya oído, que me recuerda mucho al "Ständchen" de Schubert. Es una lástima que este compositor no se prodigue en el cine, prefiriendo trabajar en obras de teatro.

La diferencia más notable entre una y otra película es la ausencia de canciones tradicionales chinas en "2046", que, sin embargo, en "In the mood for love" tenían gran peso. Es bien sabido que Wong Kar-Wai es un gran conocedor del acervo musical europeo, que ha mamado desde su infancia. Empero, más que a una progresiva occidentalización, yo atribuiría este hecho a que en "2046" no hay ninguna familia sólida y unida que tremole la herencia cultural de su nación, algo que sí ocurría en "Deseando amar".

La banda sonora de "2046" contiene abundantes homenajes cinematográficos. Es palmario que el director quiso hablar de películas que le han marcado a través de la música, y de paso hizo una exhibición de cultura. Para los momentos románticos eligió "Julien et Barbara", un tema compuesto por Georges Delerue para la banda sonora de "Vivamente el domingo", la última película de François Truffaut. Los desvelos de Mo-Wan y su búsqueda de la inspiración vienen precedidos por dos melodías de Peer Raben, el que fuera colaborador de Rainer Werner Fassbinder. Se trata de "Dark Chariot" y de "Sisyphos at work", título este último que bien podría aludir a la carga sobrehumana que soporta el protagonista en su búsqueda del ideal femenino.

Una de las piezas que más suena en "2046" y que más te estremece es el "Adagio" del dúo Secret Garden, especialmente presente en la travesía del misterioso tren futurista surgido del magín del escéptico Mo-Wan. Es de naturaleza tan manierista como los decorados, de un color que remeda a las flores del sándalo rojo.

Otro cantante y actor de la época que estaba en boga era Dean Martin, del que se incluye su interpretación de "Sway", original de Pablo Beltrán Ruiz.

Por último, la nota clásica la pone el aria de "Casta Diva" de la ópera "Norma", de Vincenzo Bellini, que es la única música diégetica de todo el repertorio. Se oye en las secuencias del Orient Hotel, y sorprende un poco que el director le dé un uso tan pedestre en la historia como el de sofocar las discusiones entre padre e hija. Es una concesión al humor que se le tolera, pues la belleza de "Casta Diva" prevalece sobre cualquier otra consideración.

Como epílogo de este artículo, sólo me queda recomendar estas dos obras maestras a quien aún no las haya visto. Os aseguro que hay pocas maneras mejores de invertir el tiempo. Corriendo el riesgo de caer en el ditirambo, concluiré diciendo que "In the mood for love" y "2046" son tan etéreas y exquisitas como el soplo del Céfiro.