Revista mensual de publicación en Internet
Número 59º - Diciembre 2.004


Secciones: 

Portada
Archivo
Editorial
Quiénes somos
Entrevistas
Artículos
Crítica discos
Bandas sonoras
Conciertos
El lector opina
Web del mes
Tablón anuncios
Suscribir
Buscar
 

 

LUCREZIA BORGIA EN OVIEDO

Por Angel Riego Cue. Lee su Curriculum.


Oviedo, Teatro Campoamor. 19 de diciembre de 2004. Donizetti: Lucrezia Borgia. M. Devia, J. Bros, J. Pérez, G. Surjan, J.L. Sola, F. Santiago, E. Morillo, M. Atxalandabaso, J.M. Díaz, A. Rodríguez, C. Varela, J. González, A. Villa. Coro de la Asociación Asturiana de Amigos de la Ópera. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA). Dir. musical: Paolo Arrrivabeni. Dir. de escena: Emilio Sagi.



No podía faltar un título donizettiano en la presente temporada de la Ópera de Oviedo, pues el autor de Bergamo ha sido tradicionalmente uno de los más programados en el Campoamor (el que más, junto con Verdi). Hoy día, aunque el repertorio del teatro se ha ampliado hasta nuevos títulos que nunca habían subido a su escenario (como la Elektra de este año), no deja de tener su mérito que también se conserven tradiciones más añejas.

No puede haber obra belcantista sin diva, y en este caso la Lucrezia Borgia (que tal fue el título representado) contó con una de las pocas cantantes que en nuestra época merecen tal título: Mariella Devia, una de las pocas que pueden mantener en alto el pabellón de digna sucesora de una Sutherland, una Gencer o una Caballé. Su encarnación de Lucrezia fue magistral de principio a fin, perfecta en lo vocal, con "filados" conmovedores que mostraban la ternura que sentía hacia su hijo, y con la carga dramática requerida cuando se muestra vengativa hacia sus enemigos.

La réplica se la dio, en el papel de Gennaro, el tenor José Bros, bien conocido en Oviedo por actuaciones anteriores (las dos últimas en Lucia di Lammermoor y L'Amico Fritz) y uno de los más sólidos valores para el repertorio belcantista de tenor que se pueden encontrar hoy día sobre un escenario. Bros prestó a Gennaro su voz bellísima, y su sensibilidad para el matiz, superando incluso sus notables anteriores prestaciones en este teatro.

Sin llegar a la altura superlativa de la pareja protagonista (sobre todo de la Devia) es obligatorio mencionar cuanto menos al Orsini de la mezzo puertorriqueña Jossie Pérez, vocalmente más que suficiente y de muy bella presencia escénica, pese a cierto histrionismo habitual en cantantes jóvenes, y al Don Alfonso del bajo Giorgio Surjan, si no vocalmente impecable, sí encarnando a la perfección su carácter de personaje "malvado". El resto de los innumerables secundarios cumplió a buen nivel, así como el coro de la AAAO. La dirección orquestal de Paolo Arrivabeni mostró su indudable oficio en estos cometidos, fue teatral y eficaz, y extrajo un sonido de la OSPA.


En cuanto a la puesta en escena, todo el que hubiera presenciado la Lucia del 2001 con el mismo Bros reconocería inmediatamente la autoría de Emilio Sagi con ver unos pocos detalles, como el sillón que sube y baja (a Bros lo elevaron más de 5 metros sobre el escenario al comienzo del segundo acto, para separar la intervención de Rustighello y sus bandidos del dúo Gennaro-Orsini) o los trajes negros de todos los personajes, con dos excepciones: blanco para la adolescente que aparecía durante la escenificación de la Obertura, que supuestamente representaba a Lucrezia de joven cuando su hijo es secuestrado, y rojo para Lucrezia vengativa, cuando aparece para anunciar a la banda de Orsini que todos están envenenados. El vestuario pasaba por ser aceptablemente renacentista, aunque algunos modelos de cuero pudieran sonar algo "galácticos", con algún pequeño anacronismo (hoy habitual, y perfectamente justificable) como bombillas en la escena del Brindis o linternas en lugar de antorchas. En general, una escena que sirvió eficazmente a la obra, que era lo que se trataba.

En resumen, una producción que se mantuvo a la altura que cabría esperar en un teatro de tanta tradición donizettiana como el Campoamor.