Revista mensual de publicación en Internet
Número 56º - Septiembre 2.004


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LA TERMINAL - JOHN WILLIAMS

Por Joaquín R. Fernández  

Los últimos meses no han sido precisamente muy alegres para los aficionados a la música de cine. La desaparición de nombres tan importantes como Jerry Goldsmith, Elmer Bernstein o David Raksin ha provocado una sentida conmoción en todos aquellos que adorábamos sus trabajos. Con John Barry y Maurice Jarre casi inactivos, y Ennio Morricone alejado de los circuitos comerciales de Hollywood y, por tanto, del gran público, John Williams se ha convertido en uno de los escasos compositores cinematográficos cuya maestría nadie discute, siendo esperados con impaciencia cada uno de sus futuros proyectos. De hecho, y para nuestro deleite, en 2005 podremos escuchar su música en "Star Wars. Episode III. Revenge of the Sith" y "La Guerra de los Mundos".

"La Terminal" es su última composición, una vitalista partitura que resulta un perfecto complemento para las imágenes que nos brinda Steven Spielberg. La estructura de los cortes que conforman este compacto no se corresponde con su aparición cronológica en el filme, siendo importante reseñar que abundantes fragmentos de la película no cuentan con nota alguna que los acompañe. El tema central de la cinta se puede escuchar en «The Tale of Viktor Navorski», una peculiar melodía que se convierte en una espléndida representación musical del protagonista de la historia que nos narra el realizador de "Atrápame si Puedes" y que se desarrolla en un buen número de las pistas que incorpora el disco.

Williams capta a la perfección esa mezcla de fábula y comedia que es "La Terminal" en «Dinner With Amelia», utilizando para ello un uso reflexivo de los instrumentos, destacando la aparición del acordeón y la suavidad de la orquesta, intentando con ello que sus notas sean unas fieles compañeras de la secuencia en la que Viktor cena con Amelia en el aeropuerto, sin duda uno de los instantes del filme que mejor aúna la comicidad y el romance. Esta última característica, por cierto, se halla mágicamente representada en «The Fountain Scene», momento en el que la azafata interpretada por Catherine Zeta-Jones descubre la hermosa fuente de colores que Viktor ha construido para ella. Es una pieza emotiva y muy agradable, siendo su lenidad una de sus grandes virtudes.

El espíritu optimista de la película aparece también en «A Legend is Born», justo cuando Navorski se gana la confianza de los trabajadores del aeropuerto tras haber ayudado a un inmigrante a traspasar la burocracia del arrogante Frank Dixon. También lo detectamos en «The Wedding of Officer Torres», aunque siempre con esa contención que impregna toda la partitura, dejando que sean las imágenes de Spielberg las auténticas estrellas de la función, salvo en el preciso instante en el que observamos cómo contraen matrimonio Enrique y Dolores. Los elementos jazzísticos, que tanta importancia tienen en el argumento de la cinta, se desvelan en «Jazz Autograph».

Una de las mayores curiosidades de la banda sonora es «Krakozhia National Anthem and Homesickness», corte en el que escuchamos el himno del país del que proviene Viktor para, posteriormente, dar paso a un melancólico pasaje que describe el estado de ánimo del citado personaje, además de «Finding Coins and Learning to Read», que introduce unas curiosas y acertadas variaciones del tema central. «Destiny... Canneloni... and the Tale of Viktor Navorski Reprise» y «A Happy Navorski Ending» suponen un agradable compendio de esta placentera obra de Williams que, si bien no se puede incluir dentro de sus trabajos más memorables, no cabe duda de que es una buena prueba de que el maestro está en plena forma y de que aún tiene mucho que ofrecernos en el panorama musical cinematográfico. Que así sea por muchos años...