Revista mensual de publicación en Internet
Número 41º - Junio 2.003


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NABUCCO BAJO MÍNIMOS

 

Jerez, Teatro Villamarta. 30 de mayo. Verdi: Nabucco. Genaro Sulvarán, María Russo, Mikhail Krutikov, Nancy Fabiola Herrera, Guillermo Orozco, Pedro Farrés, Inmaculada Sampedro Palomares, Juan Pavón. Coro del Teatro Villamarta, dirigido por Ángel Hortas. Orquesta Arsian Música. Juan de Udaeta, director musical. Roberto Laganà, director de escena. Producción escénica de los Amigos Canarios de la Ópera.

Por Fernando López Vargas-Machuca.

Es muy cierto que un teatro joven como el Villamarta tiene que ir haciendo, poco a poco, los grandes títulos del repertorio. También lo es que si se tiene un muy escaso presupuesto disponible debemos bajar considerablemente el listón de nuestras exigencias. Pero cualquier ópera necesita un nivel mínimo de calidad para funcionar, y si éste no se alcanza no podemos aplaudir la iniciativa. Nabucco requiere unos mimbres verdaderamente difíciles de reunir para un coliseo de segunda fila (¡incluso para los de primera!), siendo una de las tres o cuatro óperas de Verdi más difíciles de llevar a un escenario. Seguramente se alcanzó -en el plano musical- el mayor nivel posible para las actuales posibilidades del teatro jerezano, pero ello no fue suficiente. Por eso no puede comprenderse la elección de semejante título cuando hay tantos otros que podían haberse llevado a escena con mayores probabilidades de éxito.

El mexicano Genaro Sulvarán fue la pasada temporada Gérard en el Andrea Chénier del Maestranza. Se confirma la impresión entonces causada: una buena voz para un intérprete plano. Su encarnación del mítico rey babilonio resultó así poco más que correcta, lo que no es poco dadas las circunstancias, pero de ahí no pasó. Mucho más grave es el caso de María Russo, buena voz de dramática auténtica en manos de una cantante discreta y con serios problemas -dada la pesadez del instrumento- en las agilidades del terrible rol de Abigaille. 

Mikhail Krutikov, que cuenta con un currículo muy importante y numerosas grabaciones (incluso tiene el papel de Zaccaria en video), lució una voz potente y robusta, pero cada vez que bajaba a la zona grave del registro torturaba nuestros oídos. El joven onubense Guillermo Orozco, tenor de técnica "heterodoxa" -por decirlo suavemente- pero dotado de un instrumento hermosísimo y potente, se entregó a fondo para ofrecer un Ismaele encendido, y por ello convincente. Nancy Fabiola Herrera fue una irreprochable Fenena, y seguramente la única cantante de las congregadas que lució auténtica línea verdiana.

El Coro del Teatro Villamarta, consciente del reto que suponía cantar tan emblemático título verdiano, continuó la línea ascendente emprendida este año y dio lo mejor de sí mismo dentro de sus limitaciones. Francamente notable el Va, pensiero. Con todo, los desajustes con el foso fueron numerosos. Si tenemos en cuenta que tampoco las voces estuvieron muy sincronizadas, podemos achacar parte de la responsabilidad a la batuta de Juan de Udaeta, por lo demás encendida y fogosa a pesar de su tosquedad y falta de estilo. Rindió bien la Orquesta Arsián Música, a pesar de la deficiente intervención de algún solista.

Lo peor de la velada, con diferencia, la puesta en escena del veterano Roberto Laganà, en una producción de los Amigos Canarios de la Ópera a medio camino entre un programa televisivo hortera (¡qué escenografía, qué vestuario, qué iluminación!) y los carnavales de la vecina ciudad de Cádiz. Impresentable a todas luces la dirección escénica, no por convencional y tópica, sino por chapucera y descuidada. Un verdadero espanto que, a tenor de los aplausos, no disgustó al respetable. ¿Será verdad que mereció la pena ofrecer este Nabucco? A mí me parece que no: el discreto nivel musical y la deplorable propuesta escénica nos dieron una función bajo mínimos.