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Número 34º - Noviembre 2.002


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LA NIÑA DEL BOTICARIO RESUCITA

Por María Fernández Rodríguez

          

EMI nos presenta en exclusiva una auténtica curiosidad: la primera grabación mundial de la zarzuela La niña del boticario de Julián Santos Carrión. El talento de este compositor (Jumilla, 1908-1983) se recoge en un legado de más de 500 obras, entre piezas sinfónicas y zarzuelas. Ya durante la guerra civil se interesa por el teatro lírico (compone La Moza de la Dehesilla y El fantasma de la Tercia) pero no será reconocido hasta el año 51 con su obra Los Gerifaltes ( Premio Nacional de Zarzuela). En ella se inicia su colaboración con el escritor y libretista Lorenzo Guardiola Tomás, también natural de Jumilla y ampliamente galardonado tanto por su poesía como por su teatro y prosa. Fruto de esa colaboración, y ya entrados los años 60, nace la niña del boticario, considerada por el propio autor como la mejor y más lograda de sus obras. El natural deseo de que esta obra fuese estrenada se cumplió de modo póstumo en 1988, bajo la batuta de su discípulo Julián Molina, que es también el director y valedor de la presente edición discográfica.

El libreto de Lorenzo Guardiola revela claramente su origen clásico español: Un argumento fundamentado en el localismo madrileño que gusta de las historias ligeras de enredos y amoríos. La botica es el punto de encuentro por el que desfilan personajes episódicos como la Sobresalienta de la Calderona, el zapatero, el amante Juan Matacientos, Leonora (la esposa infiel que huye de su marido celoso) ...y el trío protagonista formado por: Marisa, la bella hija de Don Félix el boticario; su amado Fernando, pícaro estudiante en Alcalá; y Don Sabino, viejo y reputado médico pretendiente de Marisa, al que su padre considera el candidato idóneo. Hasta aquí la premisa tampoco es ajena a las mejores óperas bufas italianas (desde El barbero de Sevilla a El turco en Italia ). Y, sin traspasar nuestras fronteras, recuerda las artimañas de Doña Francisquita para rechazar al viejo pretendiente y conseguir el amor de otro estudiante (¡llamado también Fernando!). Aún mayores similitudes ofrece la comparación argumental con La del manojo de rosas: ambos estudiantes recurren al disfraz como medio de acercarse a la amada; Joaquín haciéndose pasar por mecánico (aunque le reprocharán que "la ropa del obrero se hizo para trabajar y no debe un señorito mancharla para conquistar") mientras que Fernando opta por una indumentaria más harapienta y entona aquello de " peregrino soy... dadme de beber agua de caridad".
A partir de este argumento, en La niña del boticario se suceden enredos, disfraces, amores no correspondidos, murgas de estudiantes, ungüentos y conjuros hasta la aparición del Corregidor que aclara el entuerto y , con su moraleja, pone final feliz. .

Estos aspectos convencionales de la trama evidencian la pretensión de autor de conectar con la época dorada del género: Si más de 7000 zarzuelas -de las aproximadamente 10000 que existen- fueron gestadas entre 1880 y 1936, tal vez a estas alturas, en los 60 , no tenga mucho sentido reanimar estilos extinguidos hace décadas. El localismo y folklore paradigmáticos de la zarzuela declinaron a favor de otras formas de expresión a partir de los años 40, y sólo se mantendrían frescura e innovación bien entrado el primer cuarto del siglo XX con las composiciones del maestro Sorozábal. Títulos como La Tabernera del Puerto, Don Manolito, o Black, el payaso, presentaban innovaciones estilísticas y temáticas que distan mucho del sainete lírico y miran directamente hacia el musical internacional.

Tras esta decadencia, en tiempos de posguerra ya debiera estar asentada la lírica moderna pero se sigue componiendo sin rumbo fijo, avanzando y retrocediendo. Por un lado lo nuevo tarda en abrirse camino porque el público sigue gustando de las zarzuelas de siempre, pero por otro los parámetros artísticos del siglo pasado están desfasados para acometer nuevos títulos. En este maremágnum se ve inmerso Santos Carrión y elige revivir el género en los 60 -cuando castañuelas, pandereta, serranos y serranas eran ya especies agonizantes- obligándonos a considerar la niña del boticario como revival de antiguas fórmulas. Una mirada retrospectiva, evocadora y puede que nostálgica a nuestro género españolísimo.

Ahora, bajo ningún concepto cuestionaremos la calidad de la obra desde la perspectiva técnica, el buen hacer del compositor o la entrega de los cantantes que participan en esta grabación. Solistas, coro, orquesta y dirección, están excelentes: ¡Un 10!

Considerando la belleza de la partitura, justo es señalar:

- Tonadilla de Sobresalienta: La mezzo Silvia Leivinson, que ya había interpretado a Sobresalienta en el estreno de 1988, ofrece una lectura pícara de esta tonada, destilando en cada nota la gracia y el perfume españoles.

- Romanza de Marisa: Los encantos del Madrid de Felipe IV son narrados por una de las mejores sopranos españolas del momento: Ángeles Blancas. Su interpretación es de altísima calidad. Si hay algo que reprocharle sería la pérdida de dicción en los pasajes más agudos. (Acostumbrarse o morir: ¿Cuándo disfrutaremos de una voz lírica femenina plenamente inteligible?

- Entrada de Fernando: Uno de los mejores y más románticos momentos de la partitura de La niña del boticario y también la parte más brillantemente interpretada. El tenor Luis Dámaso entona su canto poniendo pasión en cada nota. Ofrece al oyente un cóctel de delicadeza y ardor que cautiva. Su gusto e incluso su timbre nos traen a la memoria un joven Plácido Domingo (¡cosa que no podemos ver como un demérito!). Tras la parte protagonista de Fernando, se unen Marisa y Don Sabino (el siempre elegante barítono Rodrigo Esteve) para rematar el número en un trío movido, con impecable colofón de agudos.

En resumen, esta grabación de La niña del boticario presenta al aficionado a la zarzuela una obra apetecible. Se deleitará con la audición de magníficas interpretaciones y con la frescura que supone la novedad, aunque sea la de la resurrección. Sin duda alguna.


REFERENCIAS:

La niña del boticario (opereta en dos actos).
Música de Julián Santos Carrión. Texto de Lorenzo Guardiola Tomás.
Ángeles Blancas, Luis Dámaso, Silvia Leivinson, Rodrigo Esteve, Carmen Claure, Aurelio
Puente, Marco Moncloa, Álvaro Lozano y Javier Alonso.
Coro de la Compañía Lírica "Julián Santos"
Orquesta Filarmónica de Los Urales (Director: Lin-Tao)
Dirección: Julián Molina
EMI 7243 5 75608 2 5