Revista mensual de publicación en Internet
Número 35º - Diciembre 2.002


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EL CIRCO DE LA ÓPERA

Por Víctor Pliego de Andrés. Lee su curriculum. 

Sama samaruck suck suck. Dirección, música y libreto de Carles Santos. Mariona Castelar (contralto), Antonio Comas (tenor), Claudia Schneider (mezzo). Dirección artística, vestuario y escenografía: Mariaelena Roqué. Dirección en pista: Olivier Roustan. Companyia de Carles Santos, Parc de la Villete, Teatre Nacional de Catalunya y Théâtre de la Cité de Toulouse. Teatro Madrid. Festival de Otoño. Madrid, 15 a 17 de noviembre de 2002.

 

Carles Santos ha creado un nuevo espectáculo musical más cercano que los anteriores a la verdadera tradición operística, pero desde una perspectiva completamente actual. Santos es un artista a quien el éxito y la disposición de mayores medios no ha perjudicado, como a otros, sino más bien al contrario. Los recursos son en su mano un instrumento para materializar las fantasías de su inagotable imaginación. En este espectáculo se reconoce pronto su sello personal junto a nuevas ocurrencias. Aquí se advierte un sesgo más maduro y sombrío, sin que su vitalidad decaiga. Su circo es un siniestro descendiente de la parada de los monstruos y del expresionismo. Es como el reverso oscuro (y mucho más sobrecogedor) del Circo del Sol que estas fechas se ha plantado en Madrid. La música de Carles Santos no es un acompañamiento, sino que se funde con las imágenes en un fértil y turbador diálogo que dota a sus estrambóticas visiones de una coherencia insólita y completamente inexplicable. Santos se desenvuelve dentro de la más completa libertad sin traicionar su filiación con el surrealismo, el dadaísmo y consigo mismo. La consistencia de este artista nace de una locura lúcida. Los números circenses (malabares, contorsionismo, hombre araña, antipodista, funambulista, trapecista, trampolín y bicicleta BMX) conservan su aroma, incorporando una plástica y una música de primera calidad. Los cantantes tienen voces espléndidas y se integran físicamente con los otros artistas para cantar desde el trapecio, en la cama elástica y en otras posiciones mucho más comprometidas. Sus voces impulsan el movimiento del espectáculo con una entrega y un entusiasmo desacostumbrada. Todos los artistas colaboran con sus destrezas a la espectacularidad, pero al mismo tiempo se convierten en personajes con vida propia y se entremezclan en el discurrir de la trama. El texto en francés tiene un carácter poético más que narrativo y subraya las caracterizaciones. Solo hay que objetar que la orquesta y el coro anunciados tuvieran una presencia virtual a través de unas grabaciones, además irregulares. Su presencia hubiera dado al espectáculo más grandeza. Aunque no aparece ninguna aclaración al respecto en el programa de mano, la intervención musical (salvo las voces) está concebida en grabación. Hay que destacar el magnífico equipo de tramoyistas que hace una labor de relojería y que obtuvo una merecida ovación. Una vez más, Carles Santos ha demostrado su capacidad para sorprender y evolucionar. Sama samaruck suck suck es un sueño y una metáfora; “es la locura que nos acompaña y no pertenece a nadie”. Es la ópera y es el circo: es el espectáculo total.

(Fotografía de Carles Santos)