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Número 88º - Marzo-mayo 2.008


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Minkowski, ilusionista

Por Víctor Pliego de Andrés. Lee su curriculum. 

Les Musiciens du Louvre. Anne Sofie von Otter, mezzosoprano. Florian Cousin, flauta. Director: Marc Minkowski. Sinfonía núm. 2 en La menor, op. 55 de Camille Saint-Saëns. Chants d’Auvergne, de Joseph Canteloube. Preludio y entreactos de Carmen, de Georges Bizet. Odelette en Re mayo para flauta y orquesta, op. 162, de Camille Saint-Saëns. Teatro Real de Madrid, 2 de abril de 2008. 

Les Musiciens du Louvre ya han cumplido 25 años y siguen siendo una orquesta de espíritu juvenil e innovador, como su maestro y fundador. Han dado el salto del repertorio barroco que les hizo famosos, para abordar ahora en conciertos y discos la música francesa del siglo XIX e ¡incluso! del siglo XX con criterios historicistas y recuperación de instrumentos. Esta agrupación es una orquesta excepcional, con magníficos artistas en todos los atriles, desde el primero hasta el último. Su sección de cuerda obtiene un sonido impresionante empleado cuerdas de tripa, detalle que se esfuerzan en demostrar afinando uno por uno ante el público. No debemos olvidar que las cuerdas de tripa aún se usaron durante décadas el siglo pasado. Su sonido es preciso y cálido, y no pierde agilidad, ni fuerza, ni efectos de articulación como bien pudimos comprobar. La sección de viento no se queda a la zaga. Las maderas son especialmente sugestivas. Despliegan colorido y variedad, pero sin peder compenetración, empaste y sincronía cuando hace falta. El maestro Minkowski presumió de sus históricos criterios blandiendo una antigua batuta de ébano y plata, oscura, poco visible y poco práctica, más parecida a una varita mágica. Como un ilusionista, subyugó a músicos y oyentes con su exuberante manera de entender la música, llena de fuerza, matices y sorpresas. El criterio aplicado es en parte documental, historicista, verosímil, pero también muy creativo.

Tan magníficos recursos fueron puestos al servicio de un repertorio francés menor. El programa estuvo formado por obras bonitas y bien escritas, pero un poco insulsas. De Saint-Saëns pudimos escuchar la Sinfonía núm. 2 y Odelette para flauta y orquesta, con la magnífica participación de Florian Cousin como solista. Fue un despliegue de virtuosismo y de inspiradas melodías muy bien vestidas. Los cantos de Auvernia de Marie-Joseph Canteloube no tienen el intimismo de la música de salón ni la grandilocuencia del Lied orquestal. Producto de un paciente trabajo de campo, son un sincero homenaje al folklore y a la cultura de aquellas montañas. Anne Sofie von Otter cantó estupendamente. Su sola presencia bastó para sacar adelante la selección de canciones presentada y para seducir al público. Tuvo gracia en sus interpretaciones, pero no llegó a desplegar todas las fuerzas de que es capaz. Lo mejor del concierto llegó al final, con la suite orquestal de Carmen, recientemente lanzada en grabación por el sello Naïve. Fue una exhibición fascinante de fuerza y de virtuosismo orquestal, que nos descubrió algunos detalles escondidos de esta inspirada y bien conocida música de Bizet. El mago Minkowski hechizó a todos con la magia de su varita y de sus músicos. La sesión concluyó en punta y fue redondeada con propinas de L’Arlésienne (Adagio, Farandole). Dominó esta orquesta de Músicos de Louvre que, desde su origen barroco, amenaza con agitar felizmente todo el repertorio que se le ponga delante, para darle nuevos brillos.

 Fotografía: Philippe Gontier