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Número 82º - Marzo 2.007


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LANG LANG, GENIO Y VIRTUOSISMO 

Sevilla, Teatro de la Maestranza. 29 de marzo de 2007. Mozart: Sonata en Do mayor KV 330. Chopin: Sonata nº 3 en Si menor, Op. 58. Schumann: Kinderszenen. Granados: “Los requiebros” de Goyescas. Liszt: “Soneto de Petrarca nº 104” de Años de peregrinaje: Italia. Rapsodia Húngara nº 2 (transcripción: Horowitz). Lang Lang, piano.

Por Fernando López Vargas-Machuca 

El programa ofrecido por Lang Lang en su debut sevillano es prácticamente el mismo que ofrecía en su disco Memory, añadiendo uno de los Sonetos de Petrarca de Liszt y una página de Goyescas. El joven pianista chino demostró dos cosas. La primera, que difícilmente haya hoy nadie que toque mejor que él, y que son pocos los capaces de igualarle: tales son el extremo virtuosismo de su clarísima articulación digital, la gama dinámica que sale de sus dedos, la asombrosa limpieza de su pedal y la riqueza de colorido que es capaz de extraer del instrumento. La segunda, que su indiscutible talento musical es capaz de ofrecer recreaciones propias de un genio, ciertamente, pero que la inspiración no siempre brilla por igual y que a veces realiza interpretaciones ciertamente discutibles.

No me gustó su Sonata KV 330, que resultó bastante más rápida, insípida y pimpante que la de su registro discográfico. No le podemos regatear una extrema belleza sonora y una notable concentración en el “Andante cantabile”, pero plantear a estas alturas un Mozart así, tan frívolo y superficial, tan falto de matices, tan parco en el diálogo entre las dos manos, tan ayuno de sustancia dramática, no es de recibo. Escúchese lo que hace Barenboim con esta obra en el DVD grabado en el Teatro Colón de Buenos Aires (mucho mejor que su propia grabación para EMI, dicho sea de paso): el argentino toca mucho menos bien que este jovencito venido de Oriente, pero con él cada frase, cada nota, adquiere una insólita significación musical y hasta digamos “humanística”, equilibrando a la perfección los aspectos extrovertidos y chispeantes de la partitura con aquéllos de más hondo calado dramático.

La Sonata nº 3 de Chopin por Lang Lang fue mucho menos heterodoxa y creativa que la del disco, y por tanto menos discutible. El “scherzo” resultó así algo más reposado, menos tendente al puro virtuosismo, mientras que en el acongojante “largo” los tempi no fueron tan lentísimos como en la grabación y pudimos disfrutar de la belleza de su escritura sin tener la sensación de que el edificio musical se puede venir debajo de un momento a otro. Por lo demás se trató de una lectura fascinante desde el punto de vista tímbrico y armónico, de pasmosa claridad y llena de magia sonora, aunque su lectura se mantuviera hasta cierto punto distante de la negrura y la tensión emocional que algunos queremos ver en esta magistral creación chopiniana.

Fantásticas sin reparo alguno las Escenas de niños, ofreciendo un Schumann plenamente idiomático (ya saben: el equilibrio entre Eusebio y Florestán y todo eso), lleno de poesía y lirismo, en una visión depurada y esencial como también muy “infantil”, digamos que inocente y espontánea, especialmente intimista, aunque no por ello resultara banal ni intrascendente. Convenció mucho menos en “Los requiebros” de Goyescas, y no porque a su Granados le faltara algo de idioma, sino porque entre tan fogosa exhibición de ritmo, fuerza y color -fue a toda velocidad- no hubo espacio para el vuelo lírico ni la ensoñación poética.

Lo mejor de la noche vino con Liszt, y más concretamente con una descomunal lectura del Soneto de Petrarca nº 104 (¡qué música, por cierto!): concentración interior, magia sonora y profundidad expresiva en el más alto grado. La célebre Rapsodia húngara nº 2 cerró oficialmente el programa con un virtuosismo extremo que hizo saltar al respetable de sus asientos, aunque Lang Lang no se olvidara de extraer toda la música que pudo en su riquísima y apasionadísima pero en absoluto descontrolada versión. De propina, la inevitable canción china y una trascripción de El vuelo del moscardón que de nuevo puso el pabellón del virtuosismo en lo más alto, pero que nos hace desear que a medida que este jovencísimo pianista vaya madurando deje de insistir tanto en desplegar su técnica descomunal y se preocupe más de bucear en los significados expresivos de la partitura. Talento y creatividad precisamente no le faltan.

 

Web del Maestranza: http://www.teatromaestranza.com