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Número 79º - Diciembre 2.006


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DER FERNE KLANG:
GRAN NOCHE DE ÓPERA

Sevilla, Teatro de la Maestranza. 7 de noviembre de 2006. Franz Schreker: Der Ferne Klang. Astrid Weber. Robert Künzli, Claudio Otelli, Wolfgang Newerla, Clemens Bieber, Uta Priew, Klaus Häger, Yehudit Silcher, Bodo Brinkmann, Gerd Wolf. Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Pedro Halffter, director musical. Peter Mussbach, director de escena. Producción de la Deutsche Staatsoper de Berlín.

Por Fernando López Vargas-Machuca. 

De entrada hay que dejar bien claro que la segunda de las nueve óperas de Franz Schreker, estrenada con gran éxito en Frankurt en 1912, dista de ser una verdadera obra maestra: el libreto -obra del propio compositor y deudor de las fantasías psicoanalíticas de la Viena de entresiglos- deja un tanto que desear, la inspiración melódica resulta irregular a lo largo de sus dos horas y cuarto de duración y la solidez dramática del conjunto se resiente. Pero una vez reconocido esto hemos de reparar en que esta música tan influida por los derivados de Wagner y por el impresionismo francés, prima hermana de la de Zemlinsky y Korngold y pariente lejana de la del primer Schoenberg, de la de Strauss e incluso de la del Puccini tardío, contiene importantes virtudes, fundamentalmente una línea vocal sinuosa, mórbida e inquietante y, sobre todo, una extremadamente rica e imaginativa orquestación plena de sensualidad y de carácter con frecuencia camerístico, a pesar de la descomunal plantilla exigida. Se trata pues Der Ferne Klang (El sonido lejano) de una obra eminentemente sinfónica, y en este sentido momentos como la escena junto al lago o el interludio en la mitad del tercer acto logran alcanzar cotas verdaderamente extraordinarias de belleza y lirismo.

¿Qué el Maestranza podía haber optado por otros títulos del siglo XX más redondos para abrir su temporada? Seguramente. Dentro de una línea similar, hubiera sido un placer escuchar la bellísima y casi desconocida Das Wunder der Heliane del citado Korgold. O por la corrosiva Le Grand Macabre de Ligeti, poniéndonos radicales. O incluso por L'Upupa de Henze, título en el que al parecer se pensó en primer lugar y que hubiera traído consigo, además, una maravillosa puesta en escena de Dieter Dorn. Pero la verdad es que aun con sus irregularidades Der Ferne Klang es una interesantísima ópera cuyo estreno en España ha supuesto para el Maestranza un verdadero acierto, amén de una bocanada de aire fresco para una ciudad como Sevilla cuya programación lírica ha sido hasta hace muy poco extremadamente conservadora.

La apuesta se ha saldado en lo interpretativo con un rotundo éxito. Musicalmente la cosa funcionó bastante bien merced al buen momento que vive la Sinfónica de Sevilla (¡ya le gustaría a Real y Liceo tener una formación así en su foso!) y a la globalmente muy notable dirección de Pedro Halffter, cuyo sensual sentido del color y de las texturas, su búsqueda permanente de la claridad y su atención a no sepultar a los cantantes compensaron cierta carencia de tensión interna que lastró un tanto el primer acto; segundo y tercero fueron espléndidos, aunque hubiéramos preferido una tímbrica más incisiva y aristada, que subrayase los aspectos más modernos de la orquestación. En todo caso fue la suya una labor sólida, inspirada y además muy meritoria, tratándose de una página de semejante complejidad instrumental.

El agotador papel protagonista estuvo muy bien defendido por la soprano Astrid Weber, cuya Grete quizá no tuvo la voz requerida -más dramática que lírica- pero sí una magnífica línea de canto y una apreciable intencionalidad expresiva. En el papel de Fritz, el compositor que abandona a su joven amada para partir a buscar el “sonido lejano”, Robert Künzli se mostró como un algo impersonal pero en todo caso estimable tenor heroico que comenzó inseguro en la afinación para luego irse centrando y ofrecer algunos momentos muy convincentes. El resto fue en general bueno, salvando a la ya veterana Uta Priew y a un Claudio Otelli (hace diez años Escamillo en Jerez) que anda mal de voz y no pudo con el “aria” del Conde (hay que escuchársela a Thomas Hampson para saber lo que puede dar de sí esta página). El coro realizó una sólida y esforzada labor en su complicada parte bajo la dirección de su nuevo y prometedor titular, Julio Gergely.

La escena fue fascinante pero discutible. O viceversa. Estrenada en 2001 en la Deutsche Staatsoper de Berlín, la propuesta fue la que podíamos esperar en el tan inteligente como personal Peter Mussbach: una acción conceptual que funcionaba de manera paralela pero independiente a la acción del libreto, haciéndolo confuso ante quienes esperaban un desarrollo convencional de la acción pero también planteando múltiples interrogantes y sugerencias. En este sentido Mussbach insiste no tanto en la obsesión del compositor operístico por alcanzar su ideal estético (idea presente en la séptima de las óperas del compositor, Christophorus, más personal pero también menos inspirada que ésta) como en la manera en que una sociedad decadente y represora se aprovecha del inocente y bondadoso personaje de Grete, en torno al cual deambulan unos tipos de lo más siniestro de cuyos continuos abusos encuentra alivio en la figura de Frizt, figura quizá más imaginada que real que aquí termina no muriendo en sus brazos, sino abandonando la escena mediante unas escaleras.

Puro teatro contemporáneo en la mejor tradición centroeuropea de las últimas décadas, poco o nada conocida en nuestra tierra y que ya iba siendo hora de poder apreciar por aquí. Opción que en una obra tan onírica como Der Ferne Klang funciona quizá mejor que una más convencional, pues aquélla hubiera seguramente puesto de relieve las carencias de la dramaturgia original. Por lo demás escenografía, figurines y luminotecnia alcanzaron un soberbio nivel en esta producción, hasta ahora la más radical y “moderna” que se ha visto en Sevilla junto con el Parsifal de Bernd Eichinger procedente asimismo de la Staatsoper, y que por cierto contaba con el asesoramiento del propio Mussbach. No ha sido pues una función para todos los gustos, pero sí una gran noche de ópera. Sin duda.

Fotografías: Guillermo Mendo 

Web del Maestranza: http://www.teatromaestranza.com