Revista mensual de publicación en Internet
Número 73º - Febrero 2.006


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manuel palau y la guitarra
 
Por Rafael Serrallet Gómez.
 
 
Manuel Palau

 


introducción

A pesar de la cantidad de razones que existen para que la figura de Palau no pase desapercibida es fácilmente comprobable que una gran mayoría de personas desconoce su obra musical. Sus composiciones para guitarra, nada despreciables, pasan desapercibidas ante los intérpretes, aunque alguna de ellas merecería un hueco en el repertorio de los guitarristas.  

La realidad sin embargo, es que cuando nos ponemos a buscar bibliografía sobre el autor y en especial relacionada con el mundo de la guitarra, la decepción es enorme, pues son muy pocos los datos que podemos encontrar. El desconocimiento de la vida y de la obra de Manuel Palau es una evidencia. Ni siquiera en Valencia, la tierra natal del compositor, ha habido una preocupación seria por recuperar su repertorio. Salvando los magníficos trabajos de catalogación y de investigación que don Salvador Seguí ha llevado a cabo, y que han sido el elemento fundamental sobre el que he basado mi labor documental, no ha habido un esfuerzo por conocer más a fondo el universo palaviano. El compositor de la Marcha Burlesca, es ignorado por multitud de enciclopedias y diccionarios musicales, donde las referencias son inexistentes, o en el mejor de los casos, muy cortas. 

Comencemos por el reciente Diccionario de la Música Española e hispanoamericana, una obra auspiciada por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y por el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, dirigida por el Dr. Emilio Casares Rodicio[1], la entrada de Palau a penas ocupa dos columnas de no demasiadas líneas y una fotografía del compositor (la que le muestra junto a una bicicleta). Cuando comparamos la extensión de las entradas de otros autores, con una obra menos importante con la del maestro, nos damos cuenta de la situación tan injusta a la que la obra de Palau está sometida. 

En el catálogo de la exposición La música en la Generación del 27 – Homenaje a Lorca (1915-1939), editado en 1998 por el Ministerio de Cultura y cuyo comisario fue el mismo Casares Rodicio, el nombre de Manuel Palau no aparece ni una sola vez mencionado. Los músicos valencianos son olvidados demasiadas veces. Todo lo que no pasaba por Madrid no trascendía. Ni Casares, ni Enrique Franco, ni ningún otro de los colaboradores que escriben artículos en el catálogo  lo nombran en sus artículos, y eso que el mismo año que da nombre a los músicos de la generación (1927) que centra el tema de la exposición y del catálogo, Manuel Palau ganó el Premio Nacional de Música. 

Manuel Palau estaba etiquetado como un hombre de derechas vinculado estrechamente con el régimen. Probablemente Casares Rodicio quiso esquivar las alusiones a los músicos «adeptos», tratando de un tema tan particular como la generación del 27 y Lorca, pero no se puede juzgar la obra de un artista por su condición política. Es una realidad que Palau era un hombre religioso y eso lo situaba más en próximo al régimen, pero demostró con creces ser un hombre generoso que estaba al servicio de todos, sin importarle sus condiciones políticas. Nunca juzgó a las personas por sus carnés.

El magnífico libro de Angelo Gilardino[2] (GILARDINO, Angelo: Manuale di Storia della Chitarra. Volume 2º. La Chitarra Moderna e Contemporanea. Ancona, Bèrben, 1988) sólo lo menciona de pasada. Lo mismo viene a ocurrir a lo largo de los cien primeros números de Il Fronimo (ignoro si hay algo después, pero mucho me temo que no). Según me comentó un amigo guitarrista, en algún número de la revista titulada El Encordado (una publicación sobre guitarra que se editaba en Suecia en los noventa ¡en español!), pero me resultó imposible localizar el mencionado título.

Los diccionarios enciclopédicos, manuales de Historia de la Música y otros textos consultados, dan (en aquellos en los que aparece) una somera descripción del compositor valenciano. Para muestra unos pocos resultados: La magnífica enciclopedia The New grove Dictionary of Music and musicians, recoge en la página 113 del volumen 14 la entrada Palau. Las líneas escritas (23 en concreto) son obra de Antonio Ruiz Pipó y de su amplísimo catálogo, tan sólo se mencionan 11 obras. Demasiado poco para un compositor que con un repertorio de más de trescientas obras y una pléyade de alumnos de gran éxito, es uno de los pilares de la música valenciana del siglo XX. En la Enciclopedia Larousse de la Música, (Argos Vergara) ni siquiera encontramos referencias a Palau.  

Esto es tan sólo unos pocos ejemplos de las muchas monografías, diccionarios y enciclopedias consultadas y en los que la documentación encontrada ha aportado muy poco para la elaboración de este trabajo.

Pero Palau, por desgracia, no es el único de los compositores valencianos caídos en la fosa del olvido: el caso de Eduardo López-Chavarri, contemporáneo suyo, es otro claro ejemplo. Su música apenas es interpretada y guitarrísticamente, corre parecida suerte que Palau. Y si es difícil encontrar referencias buscándolas desde Valencia, imaginemos la trascendencia que existe en el exterior de estos autores. Tan sólo Eduardo Isaac, mostró cierto interés años atrás, grabando la Sonata número 2 en uno de sus primeros discos, que hoy está más que agotado, pero desde luego, es la excepción que cumple la regla.

Son muchos los compositores españoles de gran envergadura opacados por la estrella de Turina, Torroba y Rodrigo, músicos que sí tienen un nivel importante de repercusión, gracias al apoyo que recibieron de Segovia al incorporarlos a su repertorio. Otros músicos como Esplá, Asèncio, Blanquer... no contaron con esa suerte. 

Manuel Palau no fue indiferente  al mundo de la guitarra. El embrujo del sonido de las seis cuerdas ha cautivado a artistas de todos los campos (poetas, escultores, pintores, escritores...) desde hace siglos y sin embargo los propios músicos, no guitarristas, desdeñaron un poco las posibilidades del instrumento, relegándolo a un segundo plano del panorama musical.  

Pero Palau fue sensible con esto, y la guitarra fue un instrumento al que dedicó su tiempo y su esfuerzo. Fue, por ejemplo, tema de algunas de sus conferencias, que por desgracia, no se han podido recuperar, y en muchas ocasiones hacía mención a la importancia que la música para nuestro instrumento, supone para el desarrollo musical español y la presencia imprescindible de ésta en la música. Haciendo el prólogo al Cancionero musical de la provincia de Zaragoza, que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas publicaba en los años 50 del pasado siglo, realizaba el siguiente comentario:  “y si a través de toda la obra que prologamos resuena el rasguear de guitarras y guitarrillos, el final del libro nos da los cortesanos acentos de las danzas escritos por el famoso guitarrista Gaspar Sanz, cuya obra tan alta significación adquiere en la literatura de nuestro instrumento nacional[3]”. 

catálogo para guitarra

Venimos reiteradamente, destacando la importancia de ese noviazgo existente entre la guitarra y el músico de Alfara. Hemos hablado de la relevancia que la guitarra tuvo en su vida y en su obra, pero todavía no hemos pasado a enumerar una por una las partituras existentes. A continuación, pues, vamos a realizar un listado de todas las composiciones publicadas e inéditas del maestro valenciano. El Catálogo de Compositores editado por la Fundación Autor y que recopiló don Salvador Seguí, es una de las fuentes fundamentales del presente listado.

 

para guitarra sola

Fantasía (También con el título de Ayer) 

Allegro 

Sonata en La Mayor (o Mare Nostrum)

 

Fandanguillo

 

Minuetto

Firmada con el pseudónimo de María de Almenar (Nombre de casada de su hija).

Músicas para la corte del Magnánimo 

Paisaje Balear

Se trata de una transcripción realizada por el guitarrista Galindo del original para piano del mismo nombre.

 para guitarra y orquesta 
Concierto Levantino

Compuesto en el año 1947, aunque fue revisado posteriormente en el año 1954 y en versión definitiva en el año 1960. Se estrenó en el Palacio de la Música de Madrid el 17 de diciembre de 1948, con la Orquestra Nacional de España, Narciso Yepes como solista y dirigidos por Ataúlfo Argenta. 

 
su relación con los guitarristas

 Su amistad con los guitarristas valencianos, queda también de manifiesto en las diferentes colaboraciones que en sus obras impresas, quedan señaladas. Salvador García (el bien conocido Panxa Verda, mote de la familia de su padre), Rafael Balaguer, Patricio Galindo, Narciso Yepes... Los estrenos de sus obras llevados a cabo por Josefina Robledo, José Lázaro... Como hemos relatado con más detalle en el anterior capítulo, la mayoría de los guitarristas importantes tuvieron relación con Palau. Con algunos, la relación pudo haber sido más estrecha. Si Sainz de la Maza y Segovia, hubieran estado más por la labor, quizás hoy, este trabajo no tendría tanto sentido, pero las circunstancias hicieron que ninguno de ellos, lograse interpretar obras suyas. En el caso de Sainz de la Maza, y como comentaremos con más detalle en el capítulo dedicado al Concierto Levantino, el músico burgalés, que iba a ser el encargado del estreno absoluto en la capital del Estado, finalmente se echó atrás. Los motivos que le llevaron a ello pueden tener diversos orígenes y las hipótesis que se nos ocurren son varias, aunque ninguna de ellas la podemos demostrar documentalmente. Las conversaciones sin embargo que con María Teresa Oller y con Salvador Seguí he tenido al respecto y la revisión de los anuncios de prensa y las críticas que del estreno que tuvo lugar en el Palacio de la música de Madrid el 17 de diciembre de 1948 me han hecho poder sugerir éstas teorías, pero que reitero, aunque aquí queden plasmadas, no tienen la suficiente garantía como para poder afirmarlas, pero de lo que no hay duda es que en un alto porcentaje los datos casan. 

El gran ausente (guitarrísticamente hablando) en la vida de don Manuel fue la figura de Segovia. Ya hemos señalado este aspecto en el capítulo anterior, pero reiteramos el aprecio que Palau sentía por el de Linares. En 1961, seis años antes de su muerte, le dedicó el de Alfara a Segovia las Músicas para la corte del Magnánimo, obra que a pesar de elogiar Segovia en una de sus misivas no llegó a estrenar. Al menos no hemos tenido constancia de ello, y mucho me temo que así fue, pues de otra manera hubiera trascendido. La partitura fue finalmente editada en 1971 sin la revisión y digitación de Segovia, el original del guitarrista todavía duerme en los archivos del andaluz. El fallecimiento de Palau tuvo lugar en 1967, sin que Segovia se hubiera dignado a publicarla en la colección que dirigía en la editorial alemana Schott, y fue la Unión Musical Española la que finalmente en 1971, cuatro años después de la muerte de Palau y con la digitación  y revisión de Patricio Galindo llevara a cabo la publicación póstuma del trabajo. Esta partitura, está editada un tono más aguda que la que Palau concibiera inicialmente, probablemente, por iniciativa del guitarrista valenciano, que consideró que era más adecuado para el instrumento el Mi menor que el Re menor original. 

Andrés Segovia y Manuel Palau coincidieron varias veces a lo largo de su carrera. La primera de la que tenemos constancia fue el 22 de Diciembre de 1950, con motivo del concierto que en el Teatro Principal de Valencia, la Sociedad Filarmónica de Valencia celebrara.  

Según nos queda de manifiesto en las fotos conservadas, la expectación que la visita de Segovia causó, fue enorme entre los guitarristas y los músicos de la ciudad y Palau no se perdió la oportunidad de encontrarse con el afamado concertista andaluz. Años más tarde, en los cursos de Música en Compostela en el año 1960 tuvo ocasión de volverlo a encontrar, donde ambos estaban enseñando en sus respectivas disciplinas. Probablemente, allí se fraguó la idea de dedicarle una obra. Por ello le escribe así don Andrés al valenciano en una misiva con fecha de 23 de Septiembre de 1961: “La noticia de que prosigue V. con entusiasmo, la Suite prometida («Horizontes lejanos») me llena de regocijo... inmediatamente que la tenga en mi poder, saltará al primer plano de mi trabajo de adaptación y estudio”. Se refiere el guitarrista a la obra que acabara publicándose con el título Músicas para la corte del Magnánimo, que está fechada en Moncada en Septiembre de 1961. Segovia de nuevo contactará  epistolarmente con Palau, su carta escrita desde Suiza en noviembre de 1961 agradece la partitura enviada y argumenta: “es preciosa y creo que habrá poquísimo que rectificar. Escribe Vd. para guitarra con excepcional propiedad y esto facilita mucho mi trabajo”. Pero la partitura se quedó olvidada en el fondo de algún cajón, sin que el concertista de Linares la hiciera suya nunca. 

Fueron sin duda fundamentales en su carrera, el desencuentro con Sainz de la Maza y la falta de apoyo por parte de Segovia. De haber recibido una respuesta positiva por parte de estos dos artistas, probablemente el nombre de Manuel Palau y fundamentalmente, su música, sería hoy mucho más conocida entre los guitarristas no sólo de Valencia, sino del mundo entero.


[1] Musicólogo, catedrático en la Universidad Complutense de Madrid y director del Instituto Complutense de Ciencias Musicales.

[2] Guitarrista italiano nacido en Vercelli (Italia) en 1941. Su carrera concertística se desarrolla entre 1958 y 1981, e influenció grandemente la evolución de la guitarra, habiéndole sido dedicadas más de cien obras de compositores de todo el mundo.  En el 1981, se retira de los escenarios para dedicarse a la composición, a la enseñanza y a la investigación.

[3] PALAU, Manuel: Cancionero musical de la provincia de Zaragoza. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Institución Fernando el Católico de la Excelentísima Diputación Provincial de Zaragoza. 1950, p. 8.