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Número 59º - Diciembre 2.004


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LA EVALUACIÓN MUSICAL

Por Isabel Francisca Álvarez Nieto.

Diciembre es mes de villancicos, turrones y mazapanes, pero también de conclusiones y recuentos. Con el final de año llega también el final de un trimestre escolar que, se quiera o no, es preciso valorar. Y es que es bueno para todos, el que va bien sacia su ego con unas calificaciones brillantes y el que no va tan bien encuentra un momento de reflexión sobre el tipo de práctica que desarrolla erróneamente. También las maestras y los maestros debemos poner en la balanza nuestras actuaciones realizando con ellas una conclusión crítica, no compasiva.

Desde las mismas bases del sistema educativo, desde la Educación Infantil, el currículo se define como el conjunto de objetivos, contenidos, métodos pedagógicos y de evaluación necesarios para regular la práctica educativa. Se le entiende aquí un carácter más de formación que de calificación o promoción del alumnado, señalando sencillamente el grado en que se alcanzan las diferentes capacidades. Sin embargo, en esta etapa, de gran importancia pedagógica, la evaluación es un aspecto curricular que parece importar menos o eso es lo que muchas veces se percibe por parte de las familias. Por el contrario, en las etapas sucesivas las notas se convierten para los progenitores en la única vara de medir, aunque, ojo, porque hay calificaciones de primera y de segunda. Me explico, hay asignaturas cuya puntuación negativa suspende más que otras.

Esto viene al caso por un comentario que escuché recientemente de un profesional de reconocido prestigio a nivel educativo, quien afirmaba que “personalmente” le fastidiaba mucho más que sus hijos suspendiesen Lengua o Matemáticas que Música o Gimnasia. Y pongo personalmente entre comillas porque lamentablemente éste es un pensamiento mucho más extendido de lo que pueda parecer. Me permitirán que a ese comentario añada un ¿para quién?, es decir, bajo qué prisma es más importante una materia que otra. Aparentemente, para un futbolista será mucho más importante la Gimnasia, pues requiere de gran orientación espacial y entrenamiento físico pero, qué sería de nuestro futbolista si en una rueda de prensa o ante una falta en el campo no supiese exponer sus ideas o defender su posición por no haber estudiado Lengua adecuadamente. O, qué jugadas haría si no hubiera calculado milimétricamente las dimensiones del campo y de la portería. Tampoco sabemos si rendiría igual ante un estadio vacío de aficionados coreando musiquillas, aunque seguramente a éstos sí les afectaría en su motivación la ausencia de sonido.

Es simplemente un ejemplo, reconozco que no soy especialmente aficionada al fútbol, lo que trato de transmitir es la idea de que no se estará preparado para ser un buen abogado, albañil, periodista, vendedora, profesor, ingeniera, etc. si no se ha recibido una formación integral de todas las capacidades, pues siempre se tendrá esa carencia, por mucho que se intente suplir con las demás.

Además, la cuestión anterior abre al menos dos debates más. El primero de ellos el del reconocimiento profesional, es decir, si socialmente se valoran unas asignaturas por encima de otras, se entiende que también se valorará así a los profesionales que las imparten, ¿o no? y, si no es así, como se explica esta dicotomía.

Por otra parte, se destaca la situación devaluada en la que se encuentran asignaturas como la de Música, qué ha hecho que se llegue a esta situación, qué se está haciendo desde el sistema educativo por cambiar esta imagen, se promueve la educación musical desde las administraciones, y así un sin fin de cuestiones más.

Para empezar, los profesionales que imparten la asignatura de Música han estudiado una carrera igual que los compañeros que ejercen otras disciplinas e incluso, si me apuran, muchos de ellos además han compaginado la Facultad de Educación con el Conservatorio. Podemos decir por ello, que no tienen ningún título de segunda.

Sí es cierto que en España la cultura musical deja mucho que desear respecto al resto de países europeos, ya que en la mayoría de ellos los niños y las niñas empiezan desde bien pequeños a iniciarse en la práctica de un instrumento y la mayoría de las escuelas promueven el amor a la música con clases especialmente atrayentes, en las que se cuenta con un aula adecuadamente insonorizada y con todos o casi todos los instrumentos de una orquesta. Además, entre los colegios suelen organizarse de manera más o menos habitual concursos musicales, bien desde las propias asignaturas, como una actividad más o desde las bandas de música que muchos de ellos tienen. Y no me entiendan mal lo de banda, porque son auténticas orquestas, con instrumentos de viento, cuerda, percusión y con estrictas y duras jornadas de ensayo con su director.

Precisamente, tuve el placer de ver a algunas de ellas en Alemania, aunque llamó mi atención la del colegio Edith Stein de Bremerhaven, pues siempre que acudía al centro coincidía con su ensayo. Lo primero que me maravilló fue la gran asistencia de chicos y chicas (unos cuarenta) a unas puestas a punto duras y exigentes que les requerían gran parte de su tiempo libre y de las que sólo obtenían como beneficio el placer de una puesta en escena sencillamente deslumbrante. El director de la orquesta, profesor de música del centro, llevaba más de 25 años envolviendo a varias generaciones de ese halo mágico que son las notas en formación, con la esperanza de transmitirles siquiera mínimamente su amor a la música.

La formación musical en estos países es muy demandada por los padres, que valoran enormemente el rendimiento de sus hijos en esta asignatura como parte esencial de su educación integral como persona.

En los centros educativos de nuestro país esto no suele suceder, bien por la falta de cultura musical, como decía antes, bien por la escasa motivación de alumnado y profesorado, bien por la poca implicación y dotación material de las administraciones, bien por la falta de interés de las familias; que en muchas ocasiones entienden la asignatura de música como una más que hay que superar, sin darle la importancia formativa que tiene para la persona de sus hijos. Además, los progenitores que por sus inquietudes se plantean que sus hijos aprendan música, continúan sin valorar demasiado la asignatura escolar, pues opinan que sólo se puede aprender música en los conservatorios, devaluando a una asignatura que podría ofrecer más de lo que en muchas ocasiones ofrece si recibiera un voto de confianza por parte de la sociedad, voto que en ningún caso iría en detrimento de los beneficiosos y necesarios conservatorios.

Así, y dadas las fechas, pidámosle al nuevo año una mayor implicación desde todos los sectores sociales para que no haya más asignaturas y calificaciones de primera y de segunda.

Felices Fiestas y Buen Año a todos los lectores.