Revista mensual de publicación en Internet
Número 56º - Septiembre 2.004


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Función social de las orquestas
¿Sobrevivirán las orquestas actuales con la filosofía del pasado?

Por Daniel Mateos Moreno. Lee su Curriculum.

Pretendemos hacer unas brevísimas reflexiones que nos llevarán a la conclusión de que las orquestas del Siglo XXI han de cambiar radicalmente su filosofía. Al hablar de orquestas públicas, evidentemente nos referiremos a aquellas que son financiadas o co-financiadas por el estado, gobiernos autonómicos, diputaciones, juntas provinciales o locales, etc.

Hoy en día proliferan en países como España multitud de orquestas. Me permito hacer la predicción de que, en poco tiempo, aún nacerán más, hasta el punto que cada ayuntamiento tendrá su propia orquesta, financiada con fondos públicos. Pasaremos del concepto típicamente español de "banda del pueblo" al de "orquesta del pueblo".

Esta rápida expansión de las orquestas se debe a que durante muchos años nuestra situación ha sido de aislamiento cultural, y poco a poco hasta la cada vez más olvidada música -clásica- acabará entrando en nuestras casas. No obstante, aún se aventura lejos la utópica situación que ya viven otros países del este y del centro de Europa, y zonas de Norteamérica, donde la música clásica está integrada en la vida familiar.

Para avanzar por este camino, no podemos desperdiciar el "baby-boom" de orquestas y grupos musicales dedicados a la música que no da dinero fácil. Aparte habremos de tomar otras medidas fundamentales como es la inclusión de la música en la Universidad española y la eliminación del nombre de "enseñanzas de régimen especial" o "centros de estudios superiores", por el de Universidad con facultades de música, danza, teatro, etc. Me pregunto de dónde nace esa manía de los gobernantes por conculcar el arte, quizás porque no es algo productivo a corto plazo (que sí y mucho a medio y largo plazo, en términos de progreso y del despertar de las mentes). Nadie debería dudar esto último tras haber estudiado la historia y cómo las civilizaciones más florecientes e influyentes, como fueron la Griega o la Egipcia, han dado un lugar prioritario al arte, la mitología o las diferentes formas de expresión y denominaciones del arte en cada época; y que precisamente por sus expresiones artísticas es por lo que más se las valora y estudia hoy en día, expresiones que fueron semilla y fruto de avances en la ciencia y las costumbres, que mejoraron sensiblemente la forma de vida de sus habitantes. De hecho, el arte por naturaleza antecede a los avances de la ciencia y no está en absoluto separado de ella.

El párrafo anterior justifica la necesidad objetiva de un interés por el arte y el valor del presente artículo, que de otra forma no merecería la pena ser escrito ni leído. Se trata del valor del arte más allá de lo popular y el folklore, pero de manera inclusiva a lo anterior. El valor del arte sin la necesidad de una función, que paradójicamente siempre existe de manera implícita al propio arte por el hecho de estar contextualizado en una cultura y un tiempo determinado, y sólo observable a largo plazo, como antes he afirmado.

A fin de continuar en la línea del progreso cultural que todos desearíamos, la filosofía de la orquesta, especialmente de la profesional, debe cambiar y adaptarse a los tiempos modernos. En caso contrario, la música orquestal y con ella éstas orquestas están destinadas al fracaso, la extinción y volver de nuevo a orquestas elitistas y pocas en número.

La pregunta que se hará el lector es ¿Cómo? Las principales respuestas lógicamente dependen los factores que intervienen:

1.- Los directores deben asumir una función no limitada a liderar un grupo humano (la orquesta), sino la de habitar en un grupo humano (en una ciudad). Esto significa conocer la ciudad, las instituciones y estar en contacto con la gente que la habita. Debería establecerse como parte de su horario de trabajo, aparte de las horas de ensayo y de preparación, horas remuneradas y dedicadas a encuentros (conferencias, mesas redondas y de consulta, etc) con el pueblo y sus instituciones. Aparte debería existir un "buzón de sugerencias" que leyeran el director y los gerentes, de rápido acceso y a través de Internet.

2.- Gerentes, juntas de gobierno, juntas de programación deben asumir de una vez su función social. Debe ser una institución cercana al pueblo donde habita. Este objetivo no se conseguirá cuando se contrata a un director que ni sabe hablar el idioma ni tiene interés en aprenderlo y en acercarse a la cultura de la ciudad. Igual ocurre con los músicos integrantes.

3.- Acercar las orquestas al resto de las instituciones, pero no con propaganda barata sino con hechos: Los mandatarios y el director de la orquesta, como dije en el primer punto, deben coordinar encuentros con las entidades culturales de la ciudad: Conservatorios, sociedades de conciertos, universidad. Estos encuentros no deben ser conciertos basados en el clasicismo (repertorio que algunos directores eligen cuando no tienen tiempo para preparar otra cosa), sino foros de charla donde los estudiantes y miembros de los conservatorios y las universidades puedan discutir con los gerentes y el director de la orquesta de la ciudad sobre las cuestiones que atañen a la programación y a la orquesta, donde al menos se escuche la voz del pueblo que la sufraga.

4.- La programación de la orquesta debe estar basada en dos pilares: por una parte en las necesidades culturales e intelectuales del pueblo donde habita y por otra en los gustos usuales del pueblo que la acoge.

5.- Asumir la necesidad de la rentabilidad de la orquesta. Una orquesta, como cualquier otra empresa (pública o privada), debe estar encaminada económicamente (que no culturalmente) hacia la obtención de beneficios. En España ocurre que las orquestas, al estar financiadas en su mayoría con fondos públicos, pueden permitirse toda clase de lujos en la programación: ¿Cómo se entiende, si no, que se sigan programando algunos autores españoles contemporáneos -evito citar nombres- que dejan las salas de conciertos vacías de público? ¿Cuándo nos vamos a enterar en nuestro país de que hasta el mismísimo Pierre Boulez fue despedido de su puesto de director en una famosísima orquesta norteamericana porque la música que caprichosamente programaba dejaba vacía la sala? ¿Por qué se empeñan algunos en seguir encerrando la música clásica en odiosos elitismos? ¿Por qué no se abren las orquestas al pueblo y no sólo con los (en ocasiones absurdos) clásicos populares, sino con clásicos actuales, anteriores y del futuro, con la misión de hacerlos populares y no de aprovecharse de su supuesta popularidad? ¿Por qué absurda razón se sigue limitando la música contemporánea a festivales de ese tipo, y no se incluye con el resto de la música clásica?

Si todo falla, como solución para sufragar las orquestas también se encuentra la opción de dar conciertos "Pop" como hacen la mayoría de las orquestas norteamericanas (Boston Pops, Pittsburgh Pops, etc). Estos conciertos pops sirven para sufragar los de música clásica. ¿Por qué cebarse en los fondos de los ciudadanos cuando una orquesta puede ser una institución autosuficiente?

6.- A los integrantes de las orquestas se les debe permitir (quizás obligar) a ejercer como profesores "part-time" (a tiempo parcial) de sus respectivos instrumentos, para que lleven la cultura a la ciudad donde están y a la vez se vean ineludiblemente imbuidos por la cultura de la ciudad, para que conozcan la realidad circundante y no se limiten exclusivamente a mejorar su técnica solística (que por otro lado no concuerda con la filosofía del músico de orquesta).

7.- Una orquesta profesional subvencionada con fondos públicos está capacitada para ofrecer al menos un concierto por semana (cuatro al mes). Además, debe tocar prioritariamente en la ciudad que la subvenciona; dado que en España las orquestas públicas están controladas por gerentes políticos (administradores de los bienes del pueblo), existe el riesgo de que éstos prefieran llevar a la orquesta por otras ciudades y por el extranjero para lucir su nombre (o el de su partido) y su bienhacer, y con el pretexto aducido de llevar el nombre de la ciudad a otros sitios; cuando en su propia ciudad a veces no hay ni un concierto de música clásica al mes. ¿Qué clase de afición musical se va a crear en una ciudad si su orquesta no ofrece una variedad de conciertos que satisfaga al público? Ocurre como en los negocios mal llevados, que abren y cierran cuando al dueño le da la gana, y que acaban desesperando al público y nadie cuenta con ellos para hacer sus compras.

8.- El público debe tomar partido en los conciertos, no limitándose a aplaudir sino también abucheando cuando lo crea conveniente, como ocurría en tiempos de Stravinsky. No puede ni debe ser un agente pasivo que se limita a no aplaudir (o no acudir) cuando no está contento con la programación del recital o con la interpretación. Si el público paga (y a veces paga doble, cuando además de su ticket de entrada la orquesta es subvencionada), el público ha de buscar los caminos para hacerse oír. El pueblo tiene que querer a su orquesta pero también debe odiarla de vez en cuando.

Éste ha de ser el octálogo para las orquestas. Y de hecho lo será cuando el sector privado (orquestas financiadas por sociedades de conciertos, o modelos similares) irrumpa con fuerza, cuestión que acabará ocurriendo con total seguridad en un plazo no superior a un siglo.