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Número 5º - Junio 2000


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ANTIMÚSICA: ¿Música para jóvenes?

Por Daniel Mateos Moreno. 

Dado que pretendemos que la revista Filomúsica sea un lugar de reflexión sobre la música en toda su amplitud, me permito presentaros en el artículo de este mes una experiencia vivida, recordando que aquí expongo una visión personal de un músico, sin ánimo de hacer daño a ningún sector de lectores; nada más lejos de mi intención, ya que pretendo únicamente incitar al debate plural y al enriquecimiento mutuo, a través de un artículo filosófico-musical.

Parecía inevitable que el párrafo anterior precediera a este artículo. Actualmente está de moda que todo el mundo se sitúe en la "mitad" de las opiones; está de moda criticar al que expresa sus opiniones. Cuando se plantea una cuestión, lo bien visto es situarse en una opinión "media" de las opiniones, que no haga daño a nadie ni hiera los sentimientos de mediocres y gente sin ideas.

Hoy quiero confesaros algo: Estuve bailando en la "World Dance", un acto que organiza la cadena "40 principales" en Málaga, a la que acuden miles de jóvenes de sitios muy diferentes, para bailar, beber, fumar y drogarse, al aire libre. En realidad no fui sólo, sino "llevado" (miento, acompañado) por aquel al que llaman apócrifo en esta revista.

Uno está acostumbrado a relacionarse con músicos e intelectuales, por una parte, y por otra con estudiantes de Ingeniería en Telecomunicaciones. Sin embargo, no ha sido ésta ni muchísimo menos la primera vez que he ido a bailar a una discoteca, pero sí la primera vez en que he visto tal cantidad de juventud reunida.

El cerebro de uno, aunque lo sometan a tortura auditiva, sigue funcionando como un "analizador" musical en búsqueda de la belleza y de la compresión musical. Para distraerme de mis más profundas abstracciones, no faltaron pisotones, empujones, la típica borracha ligona que con un grupo de amigas no para de rondarte, etc. Como antes decía, aún en esas condiciones, el maltratado intelecto de uno sigue funcionando y haciendo las más variopintas reflexiones, sacando conclusiones de todo aquello.

Una primera consideración: La música que allí sonaba tenía una finalidad muy diferente a la música que yo suelo escuchar; el objetivo dudo mucho que fuera el placer estético; era música repetitiva para mover el cuerpo con ritmos fáciles y perpetuos. A veces parecía la música idónea para "flipar en colores" después de "pastillear" y coger el "puntillo". Siguiendo con esta selección léxica premeditada, ante todo... "buen rollo colega".

Ya es hora de hablar claro. Esto no era música ni leches; el horroroso golpear de un bajo rítmico continuo, junto con acordes que se repetían infinitamente y que podrían aburrir al músico más conformista. Planteemos cuestiones claves:

¿Por qué muchos jóvenes disfrutan tanto con esa música? En primer lugar porque no tienen las herramientas necesarias de juicio musical. Cuando escuchan música, no tienen la sensibilidad educada para apreciar la belleza, y lejos de eso, aprecian lo aberrante. Es como aquel que prefiere el olor de una cloaca antes que el de una rosa.

En segundo lugar, porque la mayoría quiere evadirse del mundo en el que vive, y la mejor manera es emborrachándose y moviendo el cuerpo. Ese tipo de música se convierte en una droga.

El origen de toda esta corriente de pensamiento que conlleva la música "joven" hemos de buscarlo en la raíz de la cuestión: La superficialidad, el deseo de dejarse arrastrar, de no pensar, e incluso la maldad del ignorante; a la vez que en la manera de conformar a las masas insatisfechas con su vida diaria, la escasez de trabajo, la creencia en el poder de uno mismo (imbuido por los padres) y la contrastación con las pocas metas alcanzadas.

"Pan et circus"... y tendrás al pueblo contento, Caesar.

¿Ha tenido una influencia perjudicial en la "verdadera música"? Sin duda alguna. De hecho ha retrasado al menos un siglo de avance de nuestra música: A mediados del siglo XX, e incluso antes, se empezaron a hacer experimentos de electroacústica. Todo ello derivó en la llamada "música electrónica". Aquello consistía en utilizar las cualidades físicas del sonido, controladas mediante aparatos, para crear música. También consistía en la inclusión de instrumentos electrónicos conjuntamente a la orquesta clásica, conllevando a una innovación en los instrumentos más usuales. Este desarrollo natural se ha frenado y buena culpa la tiene la música electrónica: ante el uso en que derivó los instrumentos electrónicos y el ordenador para la creación de músicas "jóvenes", muchos músicos decidieron de manera inconsciente responder con una vuelta atrás (aún habiendo sus excepciones).

Mientras que las plantillas instrumentales y la configuración de la orquesta fue algo en continuo cambio a lo largo de la historia, en los últimos tiempos una gran cantidad de los compositores escriben música para la plantilla orquestal romántica o de principios del XX. Los experimentos actuales de electroacústica, aunque nos quieran hacer ver lo contrario algunas universidades, no son de una gran acogida entre el público, que la mayoría de las veces se aburre en recitales de este tipo donde no intervienen personas moviendo el arco, o los dedos.

De la misma manera, no proliferan instrumentos nuevos ni tampoco se investiga en ello, cosa lógica por otra parte, ya que se ha perdido la antigua construcción artesanal; ahora lo hacen todo las máquinas; sin embargo, los mejores violines siguen siendo aquellos Stradivarius construidos hace siglos. Es mucho más fácil dedicarse a componer para la plantilla instrumental actual, y por supuesto, mucho más viable.

También es cierto que en la actualidad es muy fácil que te den gato por liebre en el caso de la música electroacústica: Muchos de los compositores que se han dedicado a este campo son realmente mediocres, lo cual no ayuda en absoluto. Otras veces se persigue una complejidad y unas relaciones numérico-matemáticas que escapan al análisis Schenkeriano más preciso.

Dejamos en este punto la cuestión para un posterior artículo en el que analizaremos la composición actual desde este mismo punto de vista.