Revista mensual de publicación en Internet
Número 19º - Agosto 2.001


Secciones: 
Portada
Archivo
Editorial
Quiénes somos
Entrevistas
Artículos
El lector opina
Crítica discos
Web del mes
Midi del mes 
Tablón anuncios
Suscribir
Buscar
 

 

BELLEZA SUPERFICIAL

Por Daniel Mateos MorenoLee su Curriculum.


Mompou, Rubinstein y Frank Marshall.

 

Un enfoque biológico.

Los sentidos externos e internos son las vías de comunicación mediante las cuales el cerebro recibe información y posteriormente la procesa y genera las sensaciones y las respuestas (ya sean reflejas o conscientes). Así podemos percibir el sabor a fresa de un helado, el olor de una rosa, o la propia música.

Pero nuestro cerebro va mucho más allá; no sólo se limita a coger la información, guardarla y generar una respuesta, sino que a través de unas reacciones químico-eléctricas aún no completamente estudiadas, establece relaciones supuestamente aleatorias, segregando sustancias o estimulando partes del propio cerebro. Precisamente ahí reside el por qué del placer que obtenemos haciendo algo que nos gusta. ¿Por qué hay cosas que nos gustan a unos y no a otros? Esta es precisamente una de las características que han hecho al hombre avanzar tanto como raza: la variabilidad. Lo que ocurre es que nuestro cerebro es una máquina de hacer asociaciones, tal que cuando por ejemplo degustamos un helado, dependiendo de muchos factores incluso externos al propio helado, se asociarán todos en una misma sensación que será el "gusto", que no es más que unas cuantas corrientes eléctricas y algunas sustancias recorriéndonos y que nos producen sensación placentera o no. Entonces, ¿qué es lo bello? Cuando nos hacemos esta pregunta, en realidad estamos preguntándonos: ¿Qué es lo que a un conjunto de personas hace segregar parecidas sustancias y corrientes eléctricas, activando partes detectables del cerebro, tal que les resulta agradable apreciar esa cosa? (y quien no esté de acuerdo con esta afirmación está negando todos los avances de la moderna neurocirugía).

El Concepto.

La belleza es algo sobre lo que se ha escrito muchísimo, y se seguirá escribiendo, porque el hombre está en evolución, al igual que lo bello. Llegado a este punto, hay que plantear una hipótesis sobre la que basarse, y para mí está muy claro: es obvio que existe la belleza objetiva, incluyendo las tesis biológicas anteriormente citadas. Belleza objetiva es aquélla que en cualquier circunstancia produce un mismo tipo de sensaciones. Pero la sensibilidad es algo "a educar", y fruto de esta mala educación de la sensibilidad pueden existir gustos que sean verdaderas aberraciones. Por muy raro que parezca, habrá cosas que serán siempre bellas por encima de nuestros gustos personales, o de nuestros gustos como personas insertas en la historia, en una época. Igualmente habrá cosas que verdaderamente carezcan de belleza y que nosotros apreciemos en demasía. Pero, ¿quién dice lo que es bello y lo que no? ¿quién dice qué es arte y qué no? ¿por qué no puede ser arte un simple vaso de agua encima de la mesa? En realidad existen cosas bellas por encima de nuestros gustos personales. Se trata de desvincular a la belleza como una simple sensación y convertirla en algo trascendente al hombre y que lo supera como ser perecedero.

Enfoque humanista.

Precisamente ahí está el quid de la cuestión: la belleza en sí es algo que trasciende al hombre, algo imperecedero muy por encima de nuestra capacidad para juzgar en cada momento. Sólo si pensamos de esta forma podemos comprender por qué hay tantas opiniones sobre lo que es bello y lo que no, y por qué sin embargo sí que existe una belleza trascendente. Un vaso de agua encima de una mesa, por sí solo no es bello, sin embargo si a ese vaso le atraviesa un rayo de sol que se descompone al pasar por él, entonces se ha producido algo que hace a ese vaso diferente de los demás vasos, que le confiere un carácter especial. Aún así podríamos caer en el error de considerar todo lo anecdótico como bello.

Ahora centrémonos en el arte para estudiar la belleza, pues el arte es la expresión más verdadera del hombre de cada época, sin tapujos ni malinterpretaciones, el arte de cada época es el reflejo del pensamiento humano en ese momento. Estudiemos la belleza en la música, mayor exponente de todas las artes debido a su universalidad.

Belleza y música.

Lo fácil es entristecerse cuando oímos una canción/obra/pieza en modo menor, y sentir alegría cuando oímos una en modo mayor. Aunque esto no siempre ocurre así, debido a la universalidad del lenguaje musical, ¿pero no es cierto que muchas veces oímos una música, vemos un cuadro, o simplemente vemos a una persona bella, y produce de inmediato unas sensaciones en nosotros que nos hacen vibrar e identificarnos de forma inmediata con ello? entonces... ¿eso tiene que ser belleza, no? Pues querido amigo, sí, eso es belleza, pero esa belleza no es ni la mitad de "bella" que la belleza profunda: La belleza verdadera no se nos muestra de inmediato, todo lo contrario, muchas veces se nos hace cotidiana y no nos damos ni cuenta, y cuando nos percatamos, vemos que esta cosa es muchísimo más bella que aquello que nos parecía bello a simple vista. El ejemplo más claro para mí se encuentra en la música: existen muchas piezas con una belleza inconmensurable, tan bellas tan bellas que dejan de ser bellas y se convierten en superficiales. La belleza verdadera, la que trasciende, no es aquélla que mueve nuestros sentimientos pasionalmente, es una belleza tranquila, reposada, y con un contenido conceptual muy por encima de la belleza inmediata y totalmente perenne.

Pongamos un ejemplo musical: escuchad un día los Intermezzos de Brahms, sus melodías, y también la "música callada" de Mompou. Probablemente la primera vez que lo hagáis puede que sintáis sensaciones especiales, pero nunca serán tan intensas como las que sentíais escuchando música del periodo romántico o de vuestro compositor favorito; seguid escuchando varias veces los intermezzos y os daréis cuenta que llegado un momento empezáis a sentir por dentro una paz interior, una tranquilidad, serenidad, felicidad, casi sensación de "final".

Esta belleza reposada, belleza tranquila y atemporal, que no tiene nada que ver con la belleza pasional, esta sí que es la belleza verdadera y la que deja huella, con la que aprendes a sentir cosas muy por encima de todo lo que habías experimentado antes.

Pero no todos estamos capacitados para poder apreciar esta belleza, porque esta belleza verdadera no se nos presenta directamente, todo lo contrario. Precisamente nuestra sociedad actual es muy pasional y vigorosa, muy visceral, y no es capaz de sentarse a pensar y apreciar lo que no produzca belleza a primera vista. Esto no es algo nuevo; ha ocurrido durante épocas de la humanidad ¿si no, por qué Wagner era abucheado, o el propio Verdi, cuando presentaban músicas innovadoras? No sólo se trata de rechazo hacia lo nuevo y desconocido, ni mucho menos es esa la principal causa. Por contraposición, se trata de falta de capacidad para apreciar la belleza que no se nos aparece directamente, la belleza que no nos resulta pasional en un primer momento.

Quizás por esta misma razón ahora al escuchar música experimental o politonalista, al escuchar cualquier pieza abstracta de cualquier compositor "moderno", no seamos capaces de apreciar la verdadera belleza que posee, aparentemente no "estamos preparados", pero en realidad sí que lo estamos, porque no hay nadie más preparado que el propio hombre para aprender de sí mismo (para apreciar la belleza hay que "aprender").

Esta es la belleza objetiva, y ésta es la manera de buscarla. Estoy convencido de que existe.