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MÚSICA ELECTROACÚSTICA DE ANTONIO GUALDA Por Daniel Mateos Moreno. Lee su Curriculum.
En un principio, el impresionismo pictórico fue rechazado incluso por la élite artística. Cuando se innova, normalmente el público se muestra escéptico. Sin embargo, la música electroacústica "hermética" no tiene nada de "nuevo" en la actualidad. El que dicha música no sea tan popular (en general) no significa que no haya compositores que sigan dedicando sus loables esfuerzos a tan honrado fin como el de "hacer algo para nadie" (hablando del público en general, claro está). Éste es el caso de D. Antonio Gualda Jiménez, compositor granadino, discípulo de tan insignes nombres como Luis de Pablo, Carmelo Bernaola, Nicanor de las Heras o Julio Marabotto, y que amablemente nos ha enviado su compacto titulado "Música electroacústica de Antonio Gualda" para su crítica en nuestra revista. Recomendamos a nuestros lectores que adquieran dicho CD, y de esa manera ampliar horizontes en cuanto a su conocimiento musical.
Hablemos ya de su CD de música electroacústica. Este "disco compacto" compacta, a su vez, dos piezas pertenecientes a un mismo estilo de composición; dichas piezas se titulan "Teorema Cósmico" y "Luz-Memor" (Memor, con M de Mnemosine), Op.66 y Op.102 respectivamente. La primera de ellas aparece subtitulada con la frase "cantar las cuarenta". En la contraportada de este CD se cita una breve historia del estreno de las piezas y del porqué de las mismas. La duración de cada una de las piezas es de (aprox) 51 y 11 minutos, lo que hace un total de 64 minutos. Lo primero que debe resaltar al lector es la diferencia de duración de una con respecto a otra. Quizás también se deba a que el compositor de tan ingente obra (de 51 minutos) quiso reflejar la complejidad y extensión de los abstractos cálculos matemáticos en los que se basa. Dice el propio Antonio Gualda sobre su Teorema Cósmico: "Esta obra consta de 4 texturas sonoras, resultantes de las combinaciones de diferentes ondas crudas. Su estructura está cimentada en un desarrollo de las fórmulas de Bessel, de Trigonometría del Espacio" (tridimensional y curvo con una base ortonormal, añadiría yo para completar). Las fórmulas de Bessel del álgebra son la base de la "loxodrómica". Esto es estudiado con detenimiento por astrofísicos e ingenieros aeronáuticos, pues gracias a esta trigonometría se puede triangular la posición de los objetos en espacios curvos (o esferas) a través del conocimiento de los ángulos (esféricos también) y de las posiciones o translaciones de los ejes de coordenadas. En la actualidad dichos cálculos son realizados con ordenadores que tienen algoritmos para el cálculo de los triángulos curvos sin necesidad de las tediosas aplicaciones de las ecuaciones de Bessel. Queda, con tal complejidad numérica, justificada tan extensa duración de la pieza, a la vez que la sistemática aparición de sonidos y timbres distintos que no obedecen en absoluto, ni por asomo, a una forma musical predeterminada (y quizás sí a una matemática). No existen patrones comunes reconocibles. Ello justifica la inexistencia de coherencia formal desde un punto de vista global, a la vez que la pérdida de cualquier tipo de simetría en la información musical que se transmite en el tiempo. Tal debió ser la magnitud de cálculos matemáticos necesarios para realizar los 51 minutos de duración de la pieza que probablemente el autor quedaría extenuado.
Escuchar el "Teorema Cósmico", de Antonio Gualda, es como mirar por un microscopio: supone un viaje hacia el interior de la materia, hacia los elementos constitutivos de la música. Es como hacer un recorrido por los núcleos, protones, electrones, llegando incluso a los quarks, a los mesones, y por ende, a la antimateria. Con ello, lejos de divagaciones abstractas (que bien podrían estar inducidas por esta música), queremos explicar que, aquí, el fin deja de ser la música en sí misma. Antonio Gualda mira dentro de la música; el fin son los sonidos por sí solos: cómo nacen, qué frecuencias contienen, cómo se incrementa su amplitud, y cómo, llegado a un determinado momento, mueren. Es como un estudio biológico de los resultados de sumas infinitas de Fourier (es decir, un estudio biológico de los sonidos, aclaración para aquel lector que no se hubiese percatado de qué pinta Fourier en todo esto). Este tipo de música supuso, en su época, una gran revolución desde el punto de vista conceptual, puesto que, tal y como hemos mencionado en el anterior párrafo, en esta música se confunde el medio (el sonido) con el fin (la propia música). Confusión ésta que nunca antes ningún compositor de otros siglos tuvo; por ello lo de revolucionaria, no por otra razón. Ese continuo vaivén de "piiiiii", "puuuuuuuuu", "taaaaaaaaaaaaaaa", "chucuchucuchucu", o "pim pom pim", crea una atmósfera sonora, pero en absoluto transmite una información comprensible en el tiempo. Cada sonido tiene su autonomía particular, a veces sin demasiada relación (por no decir ninguna) con el anterior o con el posterior. Esta pieza no está compuesta de frases musicales girando alrededor de ejes (así definiríamos la "forma" desde un punto de vista Schenkeriano); es un conglomerado de sonidos, a veces bastante repetitivos, girando alrededor de nuestros oídos. Si el lector es capaz de escuchar los 51 minutos de música, seguidos, sin un descanso, y además sentadito en una silla y sin hacer nada más, de verdad que se merece un premio (que no un "nescafé capuccino", aunque tampoco le vendría mal para no amuermarse). De todas formas, volvemos a hacer hincapié en que se trata de una música incidental, de una música con una estética diferente y que persigue al medio como fin en sí mismo. Su segunda pieza, "Luz Memor", de 11 minutos de duración (lo cual se agradece), ilustra una continuación de la primera, aunque con pequeños atisbos rítmicos que amenizan los 11 minutos de duración. No nos explicamos por qué, sobrando espacio en el CD, no ha completado esos 11 minutos con 10 ó 20 más. Sea como sea, seguro que esta crítica no le ha dejado impasible, amado lector; ni tampoco habrá dejado impasible al compositor. Eso era lo que pretendíamos; por tanto, le invitamos a que adquiera este CD y se forme una opinión propia (probablemente muy distinta de la aquí expuesta), pues todo lo aquí dicho no son más que palabras, no música. Referencia:
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